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martes, 19 de marzo de 2013

Un pueblo en la orilla.




Todo comenzó con una piedra.
Empezaba un nuevo siglo, nuevas ciudades aparecían por el horizonte.
-¡Aquí! ¡Ponla aquí!
Primero fui una gran mansión a orillas del mar. Me siguieron unas pequeñas casas donde dormían los criados del gran caserón.
Poco a poco me llené de personas. Trabajadoras, amables, duras, jóvenes, ancianos, soñadoras.
La noche en la que me inauguré fue asombrosa.
Empezó con un pequeño fuego artificial. La mar se iluminó. Todo comenzó a brillar. Los más pequeños enmudecieron de asombro. Los más mayores lloraron de emoción.
Me sentía feliz. Y lleno.

Pero mi vida acababa de comenzar.
El 28 de julio de 1914 mis habitantes se empezaron a preocupar. Algo había pasado. Yo lo notaba en el aire.
La mayoría de hombres se fueron, no se exactamente a donde. Lo que se, es que, mucho tiempo después volvieron…pero solo trece.
Lloros. Familias destrozadas. Gritos. Me teñí de negro.

A los pocos meses, algunas familias empezaron a abandonarme. Todo el futuro estaba en las ciudades… Lúgubres y oscuras. Me empecé a vaciar. Y enfermé. No paraba de toser y por mi culpa hubo grandes inundaciones. Más personas se fueron.
Sólo quedábamos los más ancianos, a los que los hombres abandonaron ya que eran una pesada carga.
Uno a uno todos cayeron.

Ahora estoy aquí. En el medio de la nada. Al menos todavía tengo a la mar. Oh mi amada querida, ¿Tú no me abandonarás, verdad? La Luna se la intenta llevar, pero ella me ama demasiado, y vuelve a mí.

Todo se ha quedado gris.
Aquí estoy yo.
En medio de la nada.
Un pueblecito semiderruido, un pueblo abandonado.
Un pueblo en la orilla.





2 comentarios:

  1. Es impresionante como has conseguido poner la voz a un pueblo, que ha perdido su gente.

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